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De frente, la última llanura del altiplano, a la derecha muy
cerca de la Cordillera de Los Andes. Sobre la cumbre del primer volcán,
el Aracar, una ojiva blanca de nieve
arriba de los seis
mil metros de altitud.
Todas las personas que he encontrado han sido muy claras: todos conocían
la Puna, algunos lugares perdidos como el pueblo de Pocitos por tener
algún pariente, pero
al escuchar “la cordillera” la expresión del rostro y el tono
de voz cambiaba.
Mucho frío, mucha altura, mucha distancia. Un muro psicológico.
Me preguntaron porque iba para allí,
lo mismo que mi familia me preguntó antes de salir.
Vaya uno a entender a las personas…
...dedicado a todos los viajeros.
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